La energía atraviesa toda la economía: sin ella no hay producción, no hay industria y no hay crecimiento sostenido. En la Argentina, YPF cumple un rol central en ese entramado estratégico.
En los años previos a 2012, la empresa YPF atravesó un proceso de deterioro y vaciamiento, con caída sostenida de la producción de petróleo y gas y con falta de inversión. Esto derivó en una mayor dependencia de importaciones, con efectos sobre el consumo, la balanza comercial y las posibilidades de crecimiento de nuestro pueblo.

El 16 de abril de 2012, el Estado argentino avanzó en la expropiación de la mayoría accionaria de YPF, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner y con Axel Kicillof como ministro de Economía.
La medida permitió reorientar la política energética hacia objetivos de desarrollo: incremento de la inversión, recuperación de la producción y fortalecimiento de la capacidad estatal en un sector clave. En ese marco, el desarrollo de Vaca Muerta se consolidó como uno de los principales activos estratégicos del país, ampliando la capacidad de producción de hidrocarburos y proyectando a la Argentina como un actor relevante en el escenario energético.

Los litigios internacionales posteriores a la nacionalización buscaron poner en duda el derecho soberano de la Argentina a decidir sobre sus recursos estratégicos, pero ese derecho permanece vigente hoy y siempre como condición irrenunciable para la construcción de una patria justa libre y soberana.
Por ello, al cumplirse un nuevo aniversario del anuncio de la expropiación, reafirmamos una y mil veces que el capital económico debe estar al servicio del pueblo argentino.
Corriente Nacional Martín Fierro
