El paraje es una de las joyas ocultas de la provincia de Buenos Aires. Donde confluyen historia, pesca deportiva y deportes acuáticos.

Villa 7 de Marzo así se llama el pueblo, popularmente conocida como «La Baliza», se erige como el último refugio en el confín austral de la provincia de Buenos Aires. Ubicado a 35 kilómetros de Carmen de Patagones, este pueblo de menos de 30 habitantes marca el punto exacto donde las aguas del Río Negro se funden con el Mar Argentino. El camino de tierra que serpentea entre médanos bajos conduce a un destino donde el tiempo parece haberse detenido, ofreciendo una experiencia de paz absoluta para los viajeros que huyen del bullicio urbano a horas de Mar del Plata.
La historia de este paraje está marcada por la gesta heroica del 7 de marzo de 1827, cuando vecinos y gauchos repelieron una invasión brasileña en plena Patagonia. Décadas más tarde, un inmigrante español donó las tierras por nostalgia de su pueblo natal, dando origen a este trazado urbano de calles caprichosas y lógica indómita. Actualmente, la villa conserva una identidad marinera única, con casas que desafían el viento y una icónica construcción con forma de barco que rinde tributo al elemento que domina la vida local.

Cuáles son las principales atracciones de Villa 7 de Marzo
El gran imán de este balneario es la pesca deportiva en sus extensas playas de arena fina, donde los aficionados buscan piezas de corvina, lenguado y cazones en un entorno totalmente virgen. Durante el verano, el lugar se transforma en un centro de reunión para familias y deportistas que practican surf o kitesurf, culminando en la tradicional Fiesta del Pescador. El resto del año, la quietud es el mandato principal, permitiendo que solo se escuche el soplido del viento y el rugido constante de un océano que se extiende hasta el horizonte.
Pese a su carácter agreste, el pueblo cuenta con servicios básicos como almacenes, una sala de primeros auxilios y hospedajes sencillos que mantienen vivo el espíritu pionero. Las caminatas frente al estuario del Río Negro permiten observar una fauna autóctona diversa, en un paisaje donde la tierra salitrosa y los arbustos bajos definen una estética de confín. Visitar Villa 7 de Marzo es descubrir un sueño detenido entre dunas, un rincón secreto donde la provincia le abre paso a la inmensidad patagónica.
