Arte, trabajo y pueblo fueron las coordenadas de una conversación que encontró en la
trayectoria de Lorena Vega una historia hecha de formación, oficio, familia, maternidad y
una profunda confianza en el teatro como espacio de transformación. La actriz, dramaturga,
directora y docente fue la protagonista de la primera charla del ciclo “Cara a Cara: arte,
trabajo y pueblo”, organizado por el Sindicato Unificado de Municipales de Avellaneda
(SUMA).

En el Centro Cultural Rodolfo García, con la bienvenida del secretario general de SUMA,
Daniel Aversa y la presencia del coordinador artístico, Juan Palomino la conversación
propuso algo más que un recorrido por una carrera artística. Moderado y acompañado por
Paula Maitía, quién dio el puntapié inicial y convidó al público a sumarse a la charla, fue,
sobre todo, una oportunidad para escuchar a una trabajadora de la cultura hablar de su
oficio desde adentro: de cómo se aprende, cómo se trabaja, cómo se sostiene una profesión
artística y cómo las experiencias personales pueden convertirse en materia de creación.
Vega llega a la charla con un vínculo de más de tres décadas con el teatro independiente.
Aunque hoy su rostro tiene una enorme popularidad por personajes como Fernanda, la
psicóloga de Envidiosa, y La Zurda de En el barro, su recorrido comenzó mucho antes, en
las aulas, los talleres y las pequeñas salas donde se construyó una actriz que nunca dejó de
formarse.
Una maestra, una escuela y el comienzo de un oficio
Uno de los momentos más cálidos de la charla fue cuando Lorena Vega reconstruyó su
vínculo con Nora Moseinco, una figura decisiva en su formación.
Vega comenzó a estudiar teatro siendo muy joven y permaneció durante aproximadamente
una década vinculada a la escuela de Moseinco. Pero aquella relación pedagógica
rápidamente se transformó en una experiencia de trabajo: comenzó como asistente,
reemplazaba a su maestra cuando ella viajaba y, finalmente, recibió de Moseinco la
invitación a comenzar a dar clases.
No fue solamente una formación actoral. Fue también el descubrimiento temprano de que el
teatro podía ser un trabajo y que enseñar era otra manera de ejercer el oficio. Esa
experiencia fue fundamental para su manera de entender la enseñanza.
Su relato tuvo un valor particular en el marco de un sindicato: detrás de la actriz reconocida
apareció la trabajadora que tuvo que encontrar estrategias para poder formarse, construir
una trayectoria y sostener su oficio.

El teatro como trabajo
Quizás uno de los grandes temas que atravesó la charla fue justamente ese: qué significa
trabajar de artista.
La trayectoria de Vega está profundamente ligada al teatro independiente. Allí no existe
solamente el momento de subir al escenario: hay ensayos, docencia, escritura, dirección,
producción, organización, armado de equipos, búsqueda de financiamiento y una enorme
cantidad de tareas invisibles que hacen posible una obra.
Su carrera permite observar esa dimensión con claridad. Vega es actriz, pero también
directora, dramaturga y docente. Desde 1999 da clases de teatro en el ámbito
independiente y también desarrolló actividad docente en instituciones universitarias y en el
Complejo Teatral de Buenos Aires.
Por eso, hablar de arte y trabajo en un espacio sindical no fue una asociación forzada. Fue,
en el caso de Vega, casi una consecuencia natural de su historia.
Maternidad: cuando cuidar también fue parte del ensayo
La conversación también tuvo un momento especialmente sensible cuando apareció la
maternidad.
Lejos de los discursos idealizados sobre la conciliación entre trabajo y familia, Vega contó
una escena concreta: durante los primeros años de su hijo, en los ensayos se organizaba
junto con su compañera de elenco para turnarse en el cuidado de los pequeños.
La imagen resulta poderosa precisamente por su sencillez: mientras una ensayaba, la otra
cuidaba; después cambiaban los roles.

En ese pequeño mecanismo cotidiano aparece una discusión enorme sobre el trabajo
artístico y las tareas de cuidado. La maternidad no estuvo por fuera de su carrera: estuvo
dentro de los ensayos, de los horarios, de las decisiones y de las posibilidades concretas de
hacer una obra.
Y esa dimensión también ayuda a comprender por qué hablar de cultura desde una
organización de trabajadores implica hablar de las condiciones materiales que permiten
producir cultura. Y de redes imprescindibles de mujeres, familia y compañero.
Imprenteros: transformar una historia familiar en una obra
Si existe una obra que resume buena parte de la identidad artística de Lorena Vega, esa
obra es Imprenteros.
La pieza nació de una historia familiar: la imprenta de su padre, el vínculo de sus hermanos
con aquel espacio de trabajo y la imposibilidad de regresar al taller después de la muerte de
su padre. Lo que podría haber quedado reducido a un conflicto familiar terminó
transformándose en teatro, libro, muestra y película.
En la charla, Vega volvió sobre esa experiencia con especial afecto
Imprenteros no es solamente una obra autobiográfica. Es también una reflexión sobre la
memoria, el trabajo y los vínculos familiares. La propia Vega ha explicado que, al revisar la
infancia en la imprenta y escuchar los relatos de sus hermanos, descubrió una relación
entre la pasión de su padre por la gráfica y su propia pasión por la actuación.
La obra comenzó a construirse a partir de materiales diversos: fotografías, videos,
entrevistas, recuerdos y testimonios familiares. Incluso su hermano Sergio terminó
incorporándose a escena después de que Vega llevara una entrevista con él a un ejercicio
del Biodrama de Vivi Tellas.
El resultado fue una obra en la que la historia íntima se volvió una experiencia colectiva.
Y allí aparece uno de los rasgos más interesantes de la mirada de Vega: lo personal no
necesariamente queda encerrado en lo privado. Una historia familiar puede hablar de
trabajo, de clase, de pérdidas, de vínculos, de memoria y de identidad.
De la psicóloga de Envidiosa a La Zurda de En el barro
La conversación también llegó al presente de la actriz y a sus trabajos audiovisuales más
populares, en este aspecto se generó un interesante ida y vuelta con Palomino sobre el
trabajo en tiras televisivas, la popularidad y la manera de manejarla.

Envidiosa significó para Vega una llegada masiva a públicos que quizás no conocían su
extensa trayectoria teatral. Su personaje de Fernanda, la psicóloga interpretada junto a
Griselda Siciliani, produjo una identificación tan fuerte que muchas personas comenzaron a
asociar a la actriz con esa profesión.
Pero poco después apareció En el barro, donde interpretó a La Zurda, un personaje de
características muy diferentes.
La propia Vega explicó que el contraste entre ambas experiencias fue enorme y que el
trabajo docente también había desarrollado en ella una capacidad fundamental para
interpretar: escuchar, observar al otro y poner en valor distintas subjetividades.
En entrevistas posteriores, la actriz también destacó la experiencia colectiva que significó
trabajar en En el barro, especialmente el vínculo que se construyó entre las mujeres del
elenco y el equipo.
En esa diversidad aparece otra característica de su recorrido: Vega no construyó su carrera
buscando únicamente un lugar de reconocimiento, sino acumulando experiencias y
herramientas.
El personaje que todavía no llegó
Hubo, además, una confesión que permitió acercarse a la actriz desde un lugar menos
conocido.
Vega contó que todavía no le tocó interpretar un personaje completamente alejado de sí
misma. Y recordó que, durante el puerperio, recibió una propuesta para una obra cuyo
personaje no podía —o no quería— asumir en ese momento y decidió rechazarla.
La anécdota permite pensar el trabajo actoral desde una perspectiva poco habitual: también
hay que saber decir que no.
La carrera artística suele narrarse a partir de las oportunidades aceptadas. Mucho menos se
habla de las oportunidades rechazadas, de los trabajos que no pueden hacerse, de los
momentos vitales que obligan a elegir y de los límites que cada persona necesita establecer
para sostener su vida y su profesión.

Una actriz que todavía está buscando
Quizás la mejor manera de definir el presente de Lorena Vega sea esa: una artista que, aun
después de una extensa trayectoria, continúa buscando.
Su carrera pasó por el teatro independiente, el teatro oficial, el cine, la televisión, las
plataformas, la dramaturgia, la dirección y la docencia. Ha trabajado con numerosos
referentes de la escena argentina y continúa desarrollando distintos proyectos
simultáneamente.
En sus palabras late la idea de una carrera en constante crecimiento y en aprendizaje
permanente.
Lorena define al teatro como su primer territorio y cuenta que cada experiencia funciona
como entrenamiento, como una forma de adquirir nuevas herramientas para las siguientes,
idea que coronó como síntesis perfecta del cierre de su intervención en SUMA.
“Cara a Cara: arte, trabajo y pueblo” no propone solamente acercar artistas a trabajadores.
Propone poner en común experiencias, historias y miradas. Y en el primer encuentro,
Lorena Vega mostró que detrás de una actriz reconocida hay una trabajadora que aprendió,
enseñó, ensayó, cuidó, escribió, dirigió, rechazó trabajos, aceptó desafíos y convirtió su
propia historia en materia artística.
En tiempos en los que muchas veces la cultura aparece presentada como un lujo
prescindible, la charla dejó otra conclusión: el arte también es trabajo; detrás de cada obra
hay trabajadores, equipos, aprendizajes, cuidados, tiempo y organización.
Y cuando ese arte se encuentra con el pueblo y con una organización sindical, la
conversación deja de ser solamente sobre teatro.
Se vuelve una conversación sobre la vida.
