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Las cuatro M, un modelo que vuelve. Ya sufrimos a Martínez de Hoz, Carlos Menem, Mauricio Macri y ahora Javier Milei. Todos con políticas económicas similares destruyeron el País. Tablita (para el dólar) e importaciones sin límite, endeudamiento, cierre de empresas; privatizaciones, dólar barato -te acordas del dame 2-, cierre de empresas; tarifas por las nubes y sueldos bajos, más endeudamiento y cierre de empresas; en la última M todo lo anterior junto. Ah! otra cosa en común en todos estos gobierno fue, y es, la corrupción.

El miércoles se conoció la tasa de desocupación del cuarto trimestre de 2025, según datos del Indec. La cantidad de personas que están disponibles para trabajar y buscan trabajo alcanza al 7,5% de la población. La cifra supone un incremento de 1,1 punto porcentual respecto al mismo período del año anterior. A ello hay que sumarle 11,5% de subocupados: personas ocupadas que trabajan menos de 35 horas semanales por causas involuntarias y que están dispuestas a trabajar más horas. Además, hay un 16,5% que tienen empleo, pero están buscando otro porque el que tienen no les alcanza para vivir o no los satisface.

Este dato de la desocupación es consistente con otro: hay 22.000 empresas menos en el país desde que asumió Milei. Ello significa que una gran cantidad de argentinos y argentinas se quedaron sin ocupación. Se agregan las empresas que no cerraron, pero se achicaron: redujeron sus plantas, suspendieron personal, etc.

Hay otro indicador preciso: se perdieron 256.000 puestos de trabajo registrados entre fines del 2023 y el 2025. También se perdieron 52.000 no registrados. Simultáneamente, se crearon 293.000 empleos de monotributistas y cuentapropistas. Por supuesto, no es lo mismo un trabajo registrado que uno informal. Tienen diferencias muy significativas: aportes jubilatorios, obra social, entre otros beneficios. Son trabajos más precarios, lo que indica una fuerte pérdida de derechos laborales.

La caída de puestos de trabajo alcanza incluso a aquellos sectores a los que apuesta el gobierno como pilar de su modelo: la cantidad de personas ocupadas en la producción de petróleo, por ejemplo, ha decrecido. Si bien el empleo subió en Neuquén por Vaca Muerta, cayó en Chubut y en Santa Cruz debido al cierre de los pozos convencionales. Por lo cual, el neto de ocupación en el sector ha bajado en lugar de subir. En Minería y en Intermediación Financiera ocurre algo similar.

En este escenario, en el que también hay una importante pérdida de ingresos reales, todos los indicadores de demanda tienden a caer. El consumo de carne por habitante en febrero anualizado (datos de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina) fue de 47,3 kilos, cayendo a su nivel más bajo en los últimos 20 años. En un país con un promedio histórico de casi 73 kilos, para encontrar consumos similares hay que retroceder a 1920, hace algo más de un siglo, cuando se consumieron 46,9 kg por habitante (datos de la Bolsa de Comercio de Rosario).

Hay más datos inocultables: la carne aumentó un 70% en el último año, el doble que la inflación. Sin embargo, el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Nicolás Pino, negó que la caída de la demanda de ese producto tenga que ver con los sistemáticos aumentos en sus precios. Por el contrario, sostuvo que el consumo cayó por razones culturales o de hábitos alimenticios. El argumento es insostenible: es otro intento más de negar los efectos del ajuste.

Las políticas contractivas no tienen fin. El gobierno está enviando la semana que viene al Congreso un conjunto de proyectos de ley. Dos de ellos están orientados a revisar la Ley de Financiamiento de la Educación Universitaria y la Ley de Emergencia Nacional en Discapacidad. Hagamos un poco de historia: ambas leyes fueron aprobadas, luego las vetó el Presidente, entonces volvieron al Parlamento y fueron nuevamente aprobadas con la mayoría especial necesaria. El gobierno las promulgó, aunque nunca las reglamentó ni mucho menos las puso en práctica. Ahora, cuando el oficialismo cuenta con mayor fuerza parlamentaria, envía al Congreso las propuestas de reforma de ambas leyes. El objetivo es continuar con el ajuste.

El ministro Luis Caputo ha sostenido: “este es un Gobierno que no toma deuda, porque tenemos superávit”. Los intereses de la deuda se pagan con ese superávit primario. Pero cuando cae la actividad económica y se reducen los ingresos fiscales, para mantener ese superávit primario resulta imprescindible ajustar el gasto. De lo contrario no es posible pagar los intereses de la enorme deuda que tiene la Argentina. Ello explica la repetición al infinito del ajuste.

Entre muchas otras iniciativas, la reforma de las leyes de financiamiento universitario y de emergencia en discapacidad se explica por la necesidad de profundizar los recortes. ¿A quiénes se seguirá ajustando? A los jubilados, a la salud, a la educación, a la obra pública. El único límite al ajuste es la capacidad de resistencia de los ajustados.

El tema es de modelos. En las vísperas de los 50 años de la instauración de la peor dictadura que asoló a nuestro país, es necesario recordar que ese régimen salvaje que secuestró y desapareció a 30.000 argentinos y argentinas también trajo consigo un modelo de país.

Fue la primera M, la de Martínez de Hoz, de un ciclo histórico que se extiende hasta la actualidad con la M de Milei. En el medio otras dos M: las de Menem y Macri. Se trata de un modelo que vuelve una y otra vez con su secuela de crisis, desocupación y empobrecimiento.

Ante esto, nuestra propuesta es seguir haciendo lo que venimos haciendo: profundizar la madre de todas las batallas, la batalla cultural, la batalla de las ideas. Es decir: seguir pensando, discutiendo, debatiendo y entendiendo qué es lo que está pasando en nuestro país, con nuestro mundo, y por qué cosas hay que pelear y qué cosas hay que cambiar.

El 10 de julio de 1980 Martínez de Hoz hizo un balance de su gestión y destacó “12 puntos fundamentales “a través de los cuales se podía medir “la profundidad de la transformación” que estaban llevado a cabo: “libertad” de precios con eliminación de todos los controles; “libertad” de las transacciones cambiarias; “libertad” del comercio exterior; eliminación de prohibiciones y de impuestos a las exportaciones; “libertad” para importar con eliminación de prohibiciones, cuotas, licencias; “libertad” de las tasas de interés y aplicación de la reforma financiera; “liberación” de alquileres y “libertad” para las inversiones extranjeras, entre los más destacados.

No es el pasado: es un presente con un modelo que vuelve. Hay una continuidad y es lo que tenemos que lograr que nuestra sociedad entienda. Pero también hay otro modelo posible y es indispensable crear las condiciones para que la mayoría de la sociedad lo conozca y lo apoye.

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