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Hugo Yasky y una historia compartida con los trabajadores municipales. Por Daniel Aversa (Secretario General del Sindicato Unificado de Municipales de Avellaneda (SUMA))

Hay dirigentes que pasan por la historia del movimiento obrero dejando palabras. Y hay otros que dejan caminos abiertos. Hugo Yasky es, para muchos de nosotros, de estos últimos.
Su vínculo con las y los trabajadores municipales no comenzó con un proyecto de ley ni terminó en una declaración. Es una historia construida durante años, alrededor de una convicción sencilla y profundamente transformadora: quien trabaja debe tener garantizado un salario digno, sin importar dónde trabaje.
Mucho antes de llegar al Congreso, Yasky ya había incorporado esta problemática a la agenda de la CTA. En 2009, la Central reclamaba la extensión del Salario Mínimo, Vital y Móvil a trabajadores estatales provinciales y municipales. En 2013, volvió a plantear la necesidad de establecer una referencia salarial nacional para los municipales.


Detrás de aquel reclamo había una realidad que todavía conocemos: trabajadores que realizan tareas esenciales para sus comunidades, pero cuyos salarios pueden ser muy diferentes según el municipio en el que trabajan.
Yasky entendió que esa desigualdad no podía naturalizarse. En 2019, ya como diputado nacional, llevó aquella preocupación al Congreso y presentó el proyecto para crear el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil Municipal, proponiendo un piso salarial para las y los trabajadores municipales de todo el país.
Ese proyecto también fue parte de un diálogo muy fluido. El 29 de abril de 2019 nos reunimos con Yasky dirigentes municipales de distintos espacios. Desde SUMA llevamos nuestra experiencia y una preocupación que excedía a Avellaneda: cómo construir una herramienta nacional que protegiera a todos los trabajadores municipales argentinos. Nos escuchó. Y después hizo lo que tantas veces hizo a lo largo de su trayectoria: tomó ese reclamo y lo convirtió en iniciativa política.
De la agenda nacional a Avellaneda
Las grandes transformaciones también necesitan expresiones concretas. Y fue desde Avellaneda donde decidimos dar nuestro propio paso.
Como concejal y como secretario general del SUMA, presenté el proyecto que estableció al Salario Mínimo, Vital y Móvil nacional como piso para las remuneraciones de las y los trabajadores municipales de Avellaneda, adecuado a la jornada laboral correspondiente.
El Concejo Deliberante aprobó la iniciativa y Avellaneda se convirtió en el primer municipio bonaerense en establecer este mecanismo mediante una norma municipal.
Para nosotros no fue solamente una decisión administrativa. Fue una definición política: el trabajo municipal tiene un valor y ese valor debe tener un piso de dignidad.
Porque detrás de cada salario hay una familia, una mesa, un alquiler, hijos y proyectos. Por eso una norma salarial no es un número frío en un expediente.
Y también fue la manera de llevar al territorio una discusión que Yasky venía sosteniendo desde hacía años en el ámbito sindical y parlamentario.
La historia no terminó allí. En 2025, Yasky volvió a presentar en el Congreso un proyecto para crear el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil Municipal. Seis años después, la misma preocupación seguía presente.
Eso demuestra que no estamos frente a una preocupación circunstancial. Hay una continuidad de pensamiento y de acción.
Cuando miro este recorrido, veo una misma lucha atravesando distintos momentos: la CTA planteando la necesidad de proteger a los municipales; Yasky llevando esa demanda al Congreso; los trabajadores organizándose; y desde Avellaneda, transformando esa idea en una herramienta concreta.
Por eso homenajear a Hugo Yasky es también reconocer una manera de entender el sindicalismo: escuchar, organizar, representar y transformar.
Las conquistas no aparecen de un día para otro. Antes de que un derecho sea reconocido, hubo trabajadores que se organizaron para reclamarlo y dirigentes que entendieron que esa voz debía llegar a todos los ámbitos.
En esa historia, Hugo Yasky dejó una huella.
Y en Avellaneda tuvimos la responsabilidad y el orgullo de convertir parte de esa lucha en una conquista concreta.
Porque cuando la militancia sindical se encuentra con la decisión política, una demanda puede dejar de ser solamente un reclamo y convertirse en un derecho.
Daniel Aversa
Secretario General
Sindicato Unificado de Municipales de Avellaneda (SUMA) 

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